jueves, marzo 24, 2011

niñerias

Siempre me he considerado una mujer muy sexual. Desde pequeña tenía ese calor entre mis piernas que no lograba saber a ciencia cierta qué era, ni me atrevía a preguntar a mis padres, ni qué decir de mis maestras pues todas eran monjas que nos hablaban del peligro de la carne, de lo malo que era tocarse por puritito gusto y toda esa milonga. El padre tenía la culpa,-bueno, a alguien tengo que culpar de mi deseo sexual- era muy atento con nosotras, nos consentía, a su manera pero lo hacía. Nunca hubo un abuso por parte de él, al menos no conmigo, pero tampoco tenía la confianza para preguntar por qué sentía esas cosquillas debajo de mi falda sobre todo cuando lo tenía junto a mí.
Recuerdo el día en que mi compañera de habitación me sorprendió a medio día debajo de las sábanas, yo me estaba masturbando, por supuesto después pediría perdón a dios y haría mi penitencia pero de alguna forma tenía que terminar con esa sensación, se me quedó viendo y me preguntó que qué hacía. Nada, contesté. No me creyó, mi respiración era agitada y no sé qué cara tendría pues se acercó a mi cama y levantó de un jalón las sábanas, descubrió mi mano en mi sexo y me dijo enséñame, eso aumentó el calor que ya de por sí estaba experimentando. Lo hice y después, después... está de más contar qué pasó. La primera vez que me percaté de que así disminuiría fue cuando me bañaba, al pasar el jabón por mi sexo experimenté lo que era acariciar de esa manera, para satisfacer el deseo. Lo pasé muchas veces, después lo solté y seguí con la mano, no debo decir que después de unos minutos (quizás no fueron minutos pero a mi me pareció el tiempo larguísimo) un calor me invadió en todo el cuerpo, sentí como si algo estallara en mi entrepierna y me hiciera cosquillas. Burbujas, sentía que salían burbujas de mi sexo.
Después fue la exploración con mi compañera, como ya conté. Más tarde los muchachos jugaron conmigo en mi cuerpo. Sus manos recorrían el camino que les iban indicando las mías. A ellos les gustaba ver cómo me acariciaba y yo disfrutaba sus manos sobre mi piel.
Debo decir que el sexo es una actividad que me gusta y después de muchos años he logrado quitarme esos prejuicios que en la escuela nos inculcaban las religiosas.
Ahora...

No hay comentarios.: