Imaginas. Piensas y redactas eso que quieres decir, explicar. Las palabras, que se te atoran en el filo de los dientes, antes se habían ahogado en tu garganta. Lloras. Intentas comprender pero no puedes, no tienes material para entender lo que sucede. ¿Así es amar? te preguntas. Por las noches, regresas a lo mismo. Darle a lo mismo, duro y duro. Te lastimas y eso te hace inventar lugares, momentos, diálogos. Situaciones. Lloras. Se hizo un gran abismo entre tú y él y nada será igual, ni siquiera se acercará a lo que un día fue. Duele, endemoniadamente.
Piensas, que, quizás dejar de quererlo, de amarlo poco a poco hará que duela menos cuando te tengas que ir. Te irás y no sabrás qué sucede en su vida. Aún no te explicas en qué momento esto se fue a la chingada. Sabes perfectamente en qué momento decidiste dejar de hacer lo que hacías. Tocarlo, hacerle bromas, besarlo, buscarlo. Lo sabes perfectamente. El cansancio, el aburrimiento el no saber qué cabrón estaba pasando te hizo tomar esas decisiones. Después, te enteras que jamás tendrás lo que quieres, no habrá boda, no habrá anillo de compromiso, no habrá esa celebración por la unión de los dos que tanto te hubiera gustado. Nada. Te preguntas, al final, ¿qué tienes? Nada, ni siquiera lo tienes a él porque está ausente, lejano, distante. No te mira, no te toca, no te desea, no te besa, no te habla, no te ... nada.
No debiste decir nada, te reclamas una y otra vez, pero también te dices que no es posible seguir así. ¿A qué te aferras, entonces? ¿A lo que no es ya? ¿El miedo te paraliza, acaso? Buscas, hurgas y urges en tu pasado algo que haga sentir de nuevo viva. Nada. Lo pasado ya no está más. Te das cuenta que no eres ya una joven, que tu cuerpo ha sufrido tres partos; que tu piel, por más crema que le untes, ya no es tersa ni tensa. Sufres de celulitis y de una flaccidez que va apareciendo poco a poco. Piensas acaso que por eso ya no te toca. Sin embargo, no es así, pero cuando hacen el amor él no está ahí, sino en otro lado, lejos de tu cuerpo, de tu boca, de tu mente. Como si deseara que fuera otro tiempo, otro lugar y, quizás, hasta otra persona. No lo habías pensado, hasta ahora que tiene más de tres meses que no se acerca a ti, ni siquiera para darte un beso de despedida. Sus besos, cuánto los añoras y los extrañas; los últimos que te dio eran besos de consuelo, distantes, con prisa.
¿Será verdad que una cama para dos debe ser matrimonial? Como dice la canción “la distancia entre los dos/ es cada día más grande/ de tu amor y de mi amor/ no está quedando nada/ sin embargo el corazón/ no quiere resignarse” Te dolió mucho cuando él empezó a poner una gran barrera en la cama, esa cama que de por sí es grande, ahora se te hace enorme; no se tocan, ni por error, tú en un extremo y él en el otro, abrazando la almohada. Recuerdas que una vez cambiaron de lugar para que él te abrazara a ti, y no funcionó. Después, él trató de buscarte de nuevo, de abrazarte para dormir porque algún tiempo decía que tú le traías mucha paz, mucha tranquilidad y que eso le hacía dormir bien, pero a ti ya no te nacía abrazarlo. No podías hacerlo, así como él tampoco podía hacer esas cosas que tú le reclamaste alguna vez. Qué difícil es vivir así. Tragarse las cosas, llorar para tus adentros y aparentar que nada pasa. Y cada día que pasa, te repites, aguanta, aguanta un poco más, ya falta menos para que todo termine. Y así, día con día, como los alcohólicos, te dices, sólo por hoy... Sólo por hoy, ¿qué? ¿Sólo por hoy seguirás ahí, en esa casa donde eres una completa extraña? ¿Sólo por hoy dormirás hasta tarde para que el día se te pase pronto? ¿Sólo por hoy te mantendrás ocupada limpiando esa casa que pronto dejarás y que te duele hasta la misma chingada porque sabes que todo lo que habías pensado que sería, no será? Todas esas proyecciones de vida con él se fueron a la mierda. En la salud y en la enfermedad. En las buenas y en las malas, así dicen de las relaciones, pero si las malas las convierten en peores, ¿cómo hacerle? Tienes dignidad, por supuesto, no vas a estar a las buenas de alguien más. Si tan solo él te apoyara, te diera tu lugar, si tan solo... pero no, sabes que no lo hará, lo sabes perfectamente, así que para qué estar donde no es tu lugar. Vete, vete y no flaquees.
Esto sólo era parte de lo que ella tenía que vivir todos los días. La angustia, la tristeza, la incertidumbre, el desamor, la indiferencia, todo la arrastraba irremediablemente a una situación angustiante. Pensar en la muerte era lo que en ocasiones se le ocurría. Vomitar, otras.