miércoles, junio 12, 2013

Refugio y Consuelo

Temprano las veo pasar. Caminan lentamente hacia el norte de la colonia. Bordean los charcos, los hoyos, los baches. Cuando hay posibilidad y pueden, suben a las banquetas. Muchas veces tienen que volve a bajarse de ellas porque hay puestos de comida, de frutas, de periódicos y, pues, las dos juntas no caben, así que prefieren bajarse y seguir juntas.
Cuando llueve, se colocan un gran plástico sobre ellas. No hay paraguas que permita que caminen una al lado de la otra. Muchos las saludan: "Buenos días, Cuquita, Chelito", "Buenos días" contestan al unísono, casi podría decirse que son una sola voz. Yo las veo pasar desde mi lugar de trabajo, el mostrador de la farmacia. Las miro y me provoca un sentimiento raro, como de ternura, no sé. Se me hinca el pecho y empiezo a dar espamos. Retengo las ganas de llorar, pero no un llanto de tristeza, es como si algo explotara dentro de mí. Como alegría, gusto. Algunas veces regresan con el mandado, cada una con una bolsa que seguro trae verduras, pollo, frijoles, qué sé yo. Una día que hizo mucho calor las vi que venían comiendo una nieve. Hasta se me antojó.
Ellas, Refugio y Consuelo, son ya grandes, podrían ser mis abuelas o bisabuelas. Me gusta el cabello de Refugio, blanco blanco, amarrado por un listón morado y luego hecho trenza. Una trenza delgada; quiero pensar que alguna vez fue una gran trenza. Refugio por el contrario tiene el cabello gris y corto, eso sí, mucho cabello.
Sin faltar todos los días, estas dos mujeres que viven juntas desde hace muchos años, pasan hacia el norte de la colonia, no sé si a pasear, a cumplir algún ritual o sólo a disfrutar la mutua compañía.
Supe que quería ir a Oaxaca a cumplir su sueño. Casarse y prometerse amor y fidelidad, hasta que la muerte las separe.

miércoles, diciembre 19, 2012

De ganas

Con ganas de darte mi humedad palpitante.

Besarte con el rojo que me quema en la justa media de mi cuerpo.

Abraz(s)arte con la largueza de mi deseo íntimo, extremo caminante.

Sorber la humedad amorosa que emana de tus labios.

Escuchar el latido que vive en mi garganta y que, en el intercambio

de alientos, penetra en tu ser.

Miradas

Y cada que me busco, sé esconderme bien...

sábado, febrero 04, 2012

Y al final, llegó el final

Paz. Sentir que ya no puede doler más. Decirte que está bien, que ahora sí sabes que no lo tienes y no esa incertidumbre de saber que si acaso lo tendrás. Finalmente tienes una certeza. Finalmente te sientes tranquila porque ya no hay algo que te martirice. Él te duele, te duele verlo, te duele no verlo, te duele tenerlo y te duele no tenerlo, por qué sufrir por las dos cosas, mejor una sola. No tenerlo. La ausencia te fue bien los días pasados, no lloraste, no te sentiste desfallecer y llamarlo. No. Ahora que sabes que no estará más, será más fácil. Te convencerás más pronto de que no lo amas. Te lo repetirás día y noche: ya no lo amo, ya no lo amo, ya no lo amo más. Hasta que termines por creértelo. No pienses ya en él. Es parte de la historia de tu vida. No pudo ser, no hay algo más que puedas hacer, es así.

Ahora piensas que no debiste apresurarte, flaqueas y quieres marcarle, pero no te lo permites. Te duele pensarlo fuera de tu vida, fuera de todo lo que es parte de tu mundo, pero en verdad jamás estuvo en tu mundo, ni fue parte de tu vida. Sólo fuiste alguien más en su vida. No fuiste la persona, su persona. Ya, no será, convéncete. Nunca fue. Duele, claro que duele, pero eso no te paralizará, serás más fuerte, más grande. Eres grande, eres bella, eres inteligente. Eres lo que cualquier hombre quisiera y el hombre que te tenía no te quiso, no puedes hacer nada más por eso, pero puedes hacer mucho por ti. Puedes hacer por tu vida, por tu persona, por tus hijas. Lo harás porque tú puedes, porque nada te ha vencido ni te vencerá... recuerda... desde mi libertad, soy fuerte porque soy volcán, nunca me enseñaron a volar pero el vuelo debo alzar...