Lo siento pero tengo un imperante antojo de tí.
Anoche recordé la primer vez que nos vimos. Tus labios buscaron los míos, tus manos recorrieron cada palmo de mi piel. Nos disfrutamos.
Y de pronto... esta ansiosa necesidad de probarte de nuevo.
Quizás con una ensalada y un vino rojo me gustarías más.
Ma. Elda Rodríguez T.
Taller de minificción
Taller de minificción












